Isaías Rodríguez primero en 3000 metros con obstáculos y tercero en 1500 metros llanos

La iniciativa lanzada hace ya tiempo por Sabrina Frontera y Alba Virgilio bajo el título de “Mundos Fragmentados”, presentó el sábado un nuevo capítulo compuesto por cuatro historias, con un notable marco de público que colmó el espacio dispuesto en Portón 641 Cultural, obligando a confirmar una segunda función para el viernes 1° a las 21.
Fue Cintia Alancay Díaz la protagonista de “Cambio de Domicilio”, un texto de Juan José Saer, con una mujer que plantea su reinvención, el cambio de su nombre, su cuerpo y su historia.
Dirigida por Sabrina Frontera, Cintia asume con un aprobado, el desafío de plantear esta historia de identidad y búsqueda de ser otra, con un vestuario impecable y un trabajo de dirección que se aprecia desde el vamos.
El segundo episodio tuvo a Alba Virgilio como intérprete de “Ese cuerpo”, con dirección y textos de Sabrina Frontera, un alegato notablemente logrado sobre la vida y la incidencia fundamental de Eva Perón en la historia argentina, un papel excelente de Virgilio en movimientos, expresiones y gestos.
Los músicos que acompañaron fueron Agustín y Angel Bruno y Gabriel Valerio, las imagen de obra de Carina Pollo y Niko Battista, y la asistencia técnica de Matías Vera.Cristian Biroccio, como actor y director de su propia adaptación que tituló “El Príncipe Sarau”, ocupó el centro de la escena en la tercera propuesta.
También la experiencia teatral de Cristian se advierte en este monólogo que nos muestra a un hombre atormentado y la realidad de su aislamiento mental, que habla con su médico y revela el abismo en el que vive día a día.
La fragilidad de la mente humana y el peso de la soledad, quedan al desnudo en este dramático testimonio de vida del personaje muy bien logrado por Biroccio.
Y en el cierre, Diego Gainza se llevó una ovación muy merecida por su interpretación de “El mecanismo del tiempo”, dirigida por Lucas Rubano.
Un taller de relojería es el ámbito en el que se desarrolla la pieza, con la realidad del hijo de un relojero, heredero del oficio de su padre, que repasa cómo construyó su identidad, y nos interpela sobre las máquinas todas que somos.
Un texto formidable y la interpretación descollante de Gainza que llega al corazón, con momentos dramáticos resueltos con muchísimo talento y oficio, como no podía ser de otra manera.

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