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El maquillaje está profundamente ligado a nuestra razón de existir, desde el principio de la humanidad. A través de las diferentes épocas y culturas ha ido adquiriendo diversas connotaciones, hasta llegar a nuestra sociedad, donde su papel fundamental ha sido modelar estéticamente nuestra imagen y personalidad. Pero hoy día, el maquillaje adquiere nuevas dimensiones dentro de la dermatología, como coadyuvante en el tratamiento de diversas patologías o lesiones de la piel, más o menos graves. Por tal motivo el maquillaje puede considerarse como una herramienta de gran utilidad en la práctica dermatológica, ya que ayuda a disimular imperfecciones y secuelas pasajeras o permanentes y proporciona al paciente un reencuentro consigo mismo y con la sociedad, siempre desde la perspectiva de formulaciones que ofrecen las máximas garantías de eficacia, tolerancia y seguridad.
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