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Cuando se juega un partido definitorio, más allá de las circunstancias, se dice desde que existe el fútbol, que “son once contra once y la pelota redonda”. Esta definición no se aplica en el fútbol infantil. Por desgracia claro. Porque en este caso el deporte deja de ser un juego y se convierte en una competencia que parece de vida o muerte. No queremos caer en el lirismo del fútbol donde hay una u otra postura. En el fútbol infantil hay una sola manera de ver el fútbol y es la de un deporte donde los que participan tienen que quedar más satisfechos o más reconfortados, por el simple hecho de haberlo practicado. A nadie le gusta perder una final, pero precisamente no es el final de la vida ni mucho menos. Al llegar a la cancha de Madreselva, ya se escuchaba el bullicio de un lugar donde se definían cosas importantes, pero no parecía que fuera de una categoría de chicos. Hinchas exaltados, padres fuera de sí, entrenadores que no terminaban de dar una directiva que estaban dando otra y los chicos como receptores de una ansiedad y sobre todo de dobles mensajes que los llevaban a cometer errores deportivos y disciplinarios era una postal, que por el hecho de no ser la primera vez que ocurre, no deja de ser perjudicial y un hecho para revisar. Todo esto llevado a cabo bajo la pasión que sólo despierta el fútbol y sobre quienes no cabe ninguna duda trabajan por el bien de los chicos y del deporte y de los padres que no merece que se aclare lo que sientén por sus hijos.
Bajo presion
El fútbol es un deporte sanguíneo y que lleva a confundir hasta a los que se sienten más preparados. “Aprieten”, “despacio”, “vamos, vamos,” “no se enloquezcan”, “partilo”, “`pero que cobrás referí” son algunas de las cosas que se escucharon, fuerte y contradictorias de los mayores de adentro y fuera de la cancha.
Los chicos que juegan para ganar, de eso no hay ninguna duda, lo harán mejor sin tanto grito que se traduce en una presión innecesaria. Bajo presión precisamente no se puede ejecutar nada que tenga que ver con la creación y de eso se trata el fútbol.
La pitada final consagró a un campeón y parecía que había sido el fin de una batalla. Luego instantáneamente vino la calma, esa que hubiera hecho falta para no transgredir el espíritu del deporte.
No es fácil administrar sentimientos y equilibrio. Pero siempre debería sobreponerse este último. Por el enorme amor que por los chicos tienen, no los debe traicionar el exceso de su pasión. |