El aumento de las tasas puso al gobierno a vivir la realidad E-mail

La democracia es el gobierno del pueblo, de todo el pueblo. La mayoría de votos con que contara el gobierno de Sobrero, hicieron que el Concejo Deliberante fuera un ámbito donde únicamente se refrendara lo que el Ejecutivo dispusiera, ya que no había posibilidad de modificar los proyectos que se enviaban. Esto hizo que el elenco de Sobrero cayera en una actitud de soberbia, ya que se cajonearon proyectos que, sobre todo, eran para que el gobierno explique el destino de los fondos o cómo se habían realizado ciertas obras o licitaciones. Por ejemplo, no se podía saber si las obras eran ejecutadas con fondos propios, provinciales o nacionales. De hecho como pasa a nivel nacional, lo único que tenía para hacer la oposición era dar o no quórum, ya que nada podía cambiar. En democracia, la búsqueda de consensos  es una cuestión esencial, participativa y por eso superadora.  Cuando la oposición presentaba un pedido de informes, se la tildaba de poner palos en la rueda. Así, mientras tanto, la cosa seguía sin control y máxime con Sobrero contando con superpoderes, quedando el presupuesto de gastos convertido en un verdadero dibujo dado que con tal atribución tenía y tiene actualmente la facultad de compensar partidas, aboliendo la figura de la malversación de fondos y utilizando  el dinero en forma discrecional. Otra etapa Pero a partir de diciembre último, con la nueva composición del HCD, Sobrero no puede hacer lo que quiere. De hecho, tras presentar el nuevo aumento de tasas que representaría más de un 60% anualizado, no tuvo más remedio que negociar el porcentaje, dado que a todas luces era un aumento más descomunal que la inflación que tenemos, que ya es mucho decir. Así Sobrero se encontró con tres posiciones diferentes frente al tema, según cada uno de los bloques opositores. Los radicales, adoptaron una postura más bien visceral, cansados de ser espectadores de lujo en cada sesión. Dijeron directamente que no iban a aprobar ningún aumento. Esto avalado por el discurso oficial que decía que la inflación no llegaba al 10% anual y como el presupuesto para este año se desarrollaba con un aumento del 25 %, consideraron que tendría que estar equilibrado.  Los conservadores, un poco más realistas, aceptaron modificar las tasas, pero en un porcentaje cercano al 15%, completando un 40% anual, que es lo más parecido al aumento real de todas las cosas. Y los massistas, que decidieron acompañar un aumento lógico, a pesar de no arriesgar todavía porcentajes, pero con la condición de que se deroguen los super-poderes. Así, el Ejecutivo tendrá que ser más prolijo en sus erogaciones, respetando cada partida, para asegurar, por ejemplo, que lo presupuestado en salud se invierta en salud y no en otra cosa. Pero esta descripción de los acontecimientos, deja en claro que la realidad era la que desde todos lados le venían marcando. Que el deterioro del tejido social por la inflación, producto de un gasto público descontrolado, iba a llevar a todos a un callejón sin salida, ya que así como la rentabilidad de las distintas actividades ha sido reducida al mínimo, el municipio se quedó sin recursos para seguir funcionando. Entonces Sobrero tiene que negociar la manera de aumentar las tasas, sinó con mayoría, el 62.5% al que aspiraba ya sería un hecho. Esto marca lo importante que es pensar el voto, donde se tiene que lograr que el poder sea equilibrado. Así no hay margen para los arrebatos y la desproporcionalidad. Claro está,  que si en lugar de descalificar las opiniones de los que pensaban distinto, que en definitiva decían que la inflación real era más del doble que la del INDEC y la del discurso oficial, mucho sacrificio, sobre todo de       los que menos tienen, se pudiera haber ahorrado. También se hubieran evitado muchas peleas inútiles, ya que se cayó en la descalificación y así se fue dividiendo a la sociedad.  Si de algo no se puede escapar cuando de números se trata es de la realidad. Y la realidad indica que el dinero se acabó, y con eso también la soberbia. A negociar, a consensuar, a buscar lo mejor entre todos, que eso no es de tibios ni timoratos, sino de demócratas, y la democracia es la manera que hemos elegido para vivir.

 

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